El costo de las balaceras en Puerto Rico

“…Balas correrán en tu contra, balas correrán en tu contra
Las pistolas seguirán haciendo ruido
…”

Balas (2002) – Tempo feat. Mexicano

Si usted se crió en Puerto Rico, sabrá que un balazo se lo lleva cualquiera. En esta frontera estadounidense, hace tiempo que se viven los trágicos efectos del narcotráfico, producto de una futil “Guerra contra las Drogas” que desde hace 51 años se coordina desde las más altas esferas – legales e ilícitas – del mundo occidental.

Quizás ni el propio Richard Nixon hubiese imaginado cuán caro saldría esto, cuando en agosto de 1971, poquito antes de que explotase el escándalo de Watergate, le declarara la guerra a “las drogas”, un asunto que ahora parece más un imaginario pre-fabricado por alguna corporación que un enemigo real. En 2015, la Drug Policy Alliance estimó que Estados Unidos gasta $51 mil millones anuales en la futil Guerra contra las Drogas. En el 2021, tras cinco décadas después de que el renunciante Nixon comenzara, se estima que los Estados Unidos ha gastado un millón de millones de dólares, o, si prefieres el anglicismo, un TRILLóN de washingtones. En la actualidad, la policía realiza más de 1.5 millones de arrestos por drogas cada año, y alrededor de 550,000 de ellos todavía son solo por delitos relacionados con el cannabis, según datos compilados por el Vera Institute of Justice.

Entonces, por supuesto, están las víctimas del bandidaje pistolero que hace rato domina las calles de América Latina y los barrios y guetos estadounidenses, donde Borinquen brilla con luz propia a la hora de atenuar la cotidianidad. Sí, como dijimos al principio, aquí en Macondo un balazo lo cacha quién sea, si te toca, pues te tocó, estés en una avenida principal guiando, en un punto de drogas o en un chinchorro dándote la fría.

Y cuando eso pasa, lo ideal es que tengas un plan médico para que, si sobrevives, puedas intentar echar pa’ lante. Aquellos que llegan con vida y sin seguro médico a la sala de Emergencias de Centro Médico, ¿cómo se atienden? ¿Cuánto le cuesta al erario las víctimas de los tiroteos entre gangas, producto de las anticuadas leyes borincanas y federales que proponen lo punitivo sobre la prevención? Veamos.

Vea aquí el reportaje de Hermes Ayala en Cuarto Poder por Wapa TV

Balazos por un corte de pastelillo

Fue el 19 de diciembre de 2019. Un muchacho, cuya identidad protegemos con el nombre de “José”, tenía en aquel entonces apenas dos décadas de vida. Iba con su panita en un carro, cuando otro automóvil le hizo un corte de pastelillo en plena avenida Baldorioty de Castro, en Santurce. Su vida cambió para siempre.

“Eran las tres de la tarde. Uno piensa que no va a pasar nada, coges una salida mal, quieres virar, quieres dar la vuelta, pero entonces en una luz, una persona con poder en Puerto Rico de esos que son bien bonitos y guilluitos, de esos que ves por ahí… nada, que se salió de control una situación que no debió haber llegado a nada. A mi me hicieron un corte de pastelillo y una persona que estaba conmigo reaccionó, como reacciona cualquier persona que esta conduciendo un auto q casi lo chocan. Mas adelante esta persona reacciona con un arma de fuego…Porque en Puerto Rico eso es común, la gente se grita…”, manifestó, el desdén aún en su voz ante esas actitudes de fronteo armado que durante años han sido validadas en la cultura popular por las letras de los cantantes más taquilleros y la exaltación mediática al duelo a tiros que define lo burdo de ser narcos.

A “José” le dieron un balazo que entró por el muslo y salió por el torax. Otro balazo fue al vientre y se refugió en su área abdominal. Perdió el conocimiento y despertó varios días después en el Hospital de Trauma. Justo antes del comienzo de la pandemia, a finales de enero del 2020, fue dado de alta y pasó al proceso de recuperación en el que todavía sigue.

“José” tenía plan médico. También tuvo suerte. Pero más que todo, tiene sus ángeles. Y esos ángeles llevan la cuenta de todo lo que se ha gastado.

“En total, total, estamos hablando de puedo estar hablando de $ 200 a $ 250 mil. Las intervenciones han sido de carácter mayor. El estuvo a punto de morir, a él lo salvaron, estuvo mucho tiempo recluido, no tan solo las intervenciones quirúrgicas, si no ese tiempo de estar hospitalizado, una familia encararlo. No hay manera que una persona sin acceso a plan médico tenga acceso a rehabilitarse”, manifestó su madre, “María”, quién también le protegemos su identidad.

La gracia del destino llevó a “María” a incluir a su hijo en la póliza médica de su patrono, y recibe esa cobertura al máximo, según concede la Ley COBRA. Sin embargo, también tuvo opción de recurrir al plan de reforma médica del Gobierno, que ayudó a costear algunos tratamientos bajo la póliza de cubierta catastrófica que provee la Administración de Servicios de Salud de Puerto Rico (ASES). Además, buscan ayuda de la Oficina de Compensación a Víctimas del Crimen, un servicio que da el Departamento de Justicia. Del bolsillo de la familia han pagado ya casi 30 mil dólares.

Pero… ¿Y qué si no hubiese tenido plan médico alguno? ¿Cuánto hubiese gastado el Estado en la recuperación de José, un ciudadano común que estuvo en el sitio incorrecto en el peor momento? ¿Y cuánto, según la Administación de Servicios Médicos (ASEM), gasta en los heridos de bala, ya sean o no delincuentes, que llegan a Centro Médico?

Fuimos a las oficinas de ASEM, en Centro Médico, a hablar con los que saben. A dos minutos caminando está la Sala de Emergencia del principal complejo de hospitales del país, dónde llega la mayoría de los heridos de bala del área metropolitana y otros lugares del archipiélago. Según nos explicó el doctor Charlie Gómez, director de Sala de Emergencias de ASEM, “si el paciente llega caminando, con una herida leve, el cernimiento inicial se hace en Emergencias, dónde usualmente permanece de 24 a 48 horas, en lo que estabiliza su condición”.

“Si ya hay reporte de daño severo, que envuelva algún vaso sanguíneo o una fractura, va a la unidad de trauma”, añadió.

“Si entra por trauma entonces hay unos cirujanos de guardia que atienden al paciente y le dan el tratamiento necesario. La unidad estabilizadora tiene su propia sistema de radiología, tiene su propio ctscan, su radiología portatil, que al paciente se le brinda el servicio dentro de esa unidad, si es que es pertinente darle el servicio allá adentro”, subrayó el veteranísimo galeno.

En sus cuatro décadas y pico en Centro Médico, el doctor Gómez ha visto balazos de todo. Con la expertise que le han dado estos años de educación continua en las artes guerreras de la calle, Gómez detalló: “a mayor calibre, mayor daño fisular, mayor lesiones va a tener el paciente. No solo el calibre, también el tipo de bala que se utilice”.

“Si es una bala de plomo comun y corriente, si es una bala q tiene un jacket, o si es una bala q es hollow point, que es hueca. Cada bala, cada calibre tiene una pecularidad y produce mayor o menor daño”, profundizó.

A su lado, el doctor Israel Ayala asiente con el atavio del cubrebocas en su rostro, y aporta a esta tertulia sobre el exceso de gatillo que se jala en ‘Pé Erre’.

“De los heridos que nos llegan, también podemos notar mucha diferencia entre el armamento civil y el militar”, explicó, acentuando que el armamento en posesión del malandreo criollo no tiene nada que envidiarle a las armas de la guardia sicaria del Talibán en Fallujah, la Sayeret Matkal israelí en la franja de Gaza o los juguetes del Cartel de Jalisco Nueva Generación, en México.

“Los rifles de asalto como la AR-15 o AK, son instrumentos de armas de asalto que tienen mayor velocidad. Esas armas al ser militares son hechas para matar, mientras que las heridas de balas de armas civiles tienen menos velocidades y por ende las heridas son diferentes”, acotó el médico.

Claro, que también tenemos el fenómeno de los chips caseros, una tendencia que aquí canta distinto al coquí.

“El Gobierno federal, al igual que el estatal, está dándole bien duro a los chips y ellos están monitoreando quienes y cómo están adquiriendo ese prototipos, esas partes que se le ponen a las armas de fuego para convertirlos en armas de fuego ilegal”, certeramente apuntó Tuto Bermúdez, deportista de tiro y dueño del B&B Target Center en Cupey, quién nos recibió para una filmación del programa Cu4rto Poder y con quién se puede hablar largo y tendido sobre las armas de fuego en el contexto social borincano.

“La experiencia cuando usan ese tipo de arma” que contiene chips, explicó el doctor Ayala, “es que el paciente no nos llega a nosotros. El paciente, o la víctima, es asesinado en la escena”

Caos entre balas: de la calle a Emergencias

La fracasada Guerra contra las drogas propone escenarios caóticos, y a veces ni Centro Médico se salva.

“Hay situaciones donde ha habido un tiroteo entre gangas y a la persona no han acabado de matarla definitivamente en la escena, llega a nuestras manos aquí y hay que solicitar seguridad adicional para que no haya un suceso lamentable en sala de emergencias o en la cercanía de sala de emergencias porque a veces son bien insistentes en buscar a la persona para acabarla”, señaló el doctor Gómez.

Gómez recordó un caso de hace mucho tiempo, en el que un sicario entró a acabar a su enemigo, disparó dentro de la sala de emergencia, pero no pudo matarlo y escapó. La Policía usualmente activa un protocolo especial para estas ocasiones.

“No hemos tenido en fechas recientes ningún episodio que recordemos que alguien haya tratado de violentar ese protocolo, no solo por seguridad externa, si no que se activa seguridad interna y la Policía de Puerto Rico siempre nos da protección”, indicó el doctor Ayala.

Mientras, en el Hospital de Trauma, donde se bate el cobre a diario, el cocorote es el doctor Pablo Rodríguez. Cuando llega un paciente en condición grave, como pasó con “José”, Rodríguez explicó que lo principal que hay que hacer es estabilizar las vías respiratorias del paciente, resucitarlo si está al borde de la muerte y activar las alertas a los bancos de sangre para entonces tratar los traumas o heridas particulares del mismo. El proceso puede durar hasta una hora.

“En trauma, el tiempo es oro. El 80 porciento de la gente en trauma muere en la primera hora. Así es que si el manejo toma más de una hora es un problema y me da vergüenza decirlo, pero en Puerto Rico el tiempo de transporte desde el insulto al hospital son cinco horas”, articuló.

La lentitud que acostumbra presentar el sistema para atender un herido previo a ser admitido es un problema que se traduce en el desfalque del bolsillo del erario, y ni hablar si el paciente llega a un hospital que no esté apto para atender traumas.

Para el doctor Rodríguez, lograr salvarle la vida a alguien como José, es un triunfo considerando las deficiencias que tiene el sistema antes de llegar al hospital. Sobran los casos de película que ve a diario.

“Una noche llegaron aquí dos pacientes a la vez. Resultó ser un paciente que estaba asaltando y disparó contra el asaltado, y el asaltado disparó contra el asaltante. Y llegaron aquí los dos. Yo estaba de guardia ese día”, narra el doctor Rodríguez, con el ímpetu de su tono de voz fungiendo como máquina que viaja en el tiempo.

“Y de momento yo voy con el asaltante a la sala de operaciones. Pero, espérate, ¿el asaltante? ¿la persona que amenazó la vida de esta persona? ¿El agresor, el asaltante que disparó y amenazó la vida de esta persona, tú lo vas a operar primero? Aquí nosotros no convertimos la sala de operaciones en un tribunal para tomar decisiones. Nosotros bregamos con el peor que está. Se llama ‘triage civil’’, arguyó.

Los primeros tres niveles del triage civil se marcan con colores. El nivel rojo, de mayor urgencia, es para los pacientes que necesitan reanimación inmediata. El nivel anaranjado alude a los de prioridades altas y el amarillo para los de prioridad moderada.

“En lo militar es diferente, cuando hay dos heridos el mejor que está es el que atienden primero, para que pueda volver otra vez a la guerra, pero en el triage civil se maneja el peor que está. Y si en este caso hay dos heridos y el asaltante es el peor que está, ese es el que nosotros operamos primero”, puntualizó el médico.

Trauma es la primera causa de muerte en Puerto Rico en personas menores de los 44 años, según expicó el doctor Rodríguez.

“Una tercera parte de la gente que llega aquí por disparos tiene de 20 a 24 años. Y entre los 20 y los 45 años está el 60 %. Trauma es una enfermedad de gente joven, no te extrañe que sea así. El día más suave, en cuanto a tiros son los martes. Un 12 porciento. Pero el 20 % llega  los domingos. Y el 48 %, casi la mitad, se da entre viernes, sábado y domingo. El 92 % de la gente que llega aquí son hombres, ocho porciento son damas, son mujeres. O sea que, cuando tú vienes a ver, esto no respeta a nadie. ¿El más pequeño que he operado? Cuatro meses. Un nene de cuatro meses con un disparo en el abdómen. Llegó un carro peligroso a un punto, la persona que está allí vio ese carro y cogió a su hijo de escudo y la persona disparó. Y le pasó por el abdómen al bebé, que yo tuve que operarlo”, relató.

“¿Sobrevivió?”, le preguntamos.

“ Sí, sobrevivió. Pero, ¿quién sospecha que un niño de cuatro meses va a recibir un disparo?”, expresó Rodríguez.

Bueno, pero así sea un títere sin plan médico, un monaguillo que se tropezó con una punto cuarenta o un bebé en medio de una balacera, aquí se atiende a todo el mundo. El decreto de Hipócrates siempe se respeta en este proceso en el que, por la política pública preferir lo punitivo sobre la prevención, es al erario al que la factura se le espeta.

“No hay forma de poder facturar ese servicio por parte de la institución. Por lo tanto el Estado tiene que proveer todo el costo y obviamente es una carga adicional. Aparte de la carga social, es una carga económica”, acertó el doctor Ayala.

Jorge Matta dirige ASEM y según datos que nos suministraron, en el 2021, el costo estimado para tratar estos pacientes víctimas de balazos fue de 6,610,553 dólares. Y eso fue un año bueno, irónicamente, gracias a la pandemia. 

“Para que tengas una idea, el presupuesto general de trauma es alrededor de 31 millones de dólares, así que de esos 31 millones de dólares, $6.6 millones de dólares básicamente se van en pacientes que llegan de una forma u otra heridos de bala.

Del 2010 hasta el 2021, el costo de los heridos de bala que llegaron al hospital de Trauma asciende a $110,612,442 dólares. El peor año fue el 2011, donde el costo total redondeado de trato a víctimas de balazos ascendió a 12,673,292 dólares. Durante los pasados 11 años, Centro Médico ha atendido 20,776 heridos de bala.

“Bueno son unos números que a cualquiera nos impresiona. Estamos hablando de 100 millones de dólares. Básicamente, eso es un poco menos del presupuesto de Centro Médico completo en un año, que son números bien preocupantes, que como mencionamos en entrevistas anteriores, la prevención es la base de todo, a lo mejor si tuvieramos una mejor prevención, una mejor educación en el hogar podemos evitar que esos pacientes lleguen aquí a Centro Médico y tener una sociedad más saludable y más sana”, expresó Matta.  

Sin duda, el costo de remediar es mucho mayor que el de prevenir. Si ya se sabe que lo punitivo no funciona, ¿habrá la voluntad en el Gobierno de Puerto Rico para invertir en la prevención y en la educación para evitar luego pagar con intereses el costo de los balazos? Ya lo dijo Tego Calde, el que sabe, sabe. Y el que no… no sabe.

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