El PNP politiza más los tribunales
Un hombre confesó públicamente haber asesinado a dos personas, y la reacción mayoritaria del pueblo de Puerto Rico fue llamarlo héroe nacional. En ese mismo momento, la clase política concentra toda su energía en una reforma judicial que solo busca cambiar quién controla los nombramientos en la judicatura: del Partido Popular al PNP. La ironía es demoledora. Mientras el sistema de justicia colapsa bajo el peso de su propia politización, los legisladores discuten únicamente cómo asegurar que la próxima ronda de nombramientos favorezca sus intereses partidistas.
El mensaje que envían es claro: la justicia no es un servicio al país, sino un instrumento de poder. Cuando 56% de los puertorriqueños encuestados apoyan que un vigilante tome la justicia en sus manos, no estamos ante un problema de seguridad. Estamos ante un fracaso institucional tan profundo que la gente ha perdido toda fe en los tribunales como alternativa.
Lo importante
- Según una encuesta de YouTube, el 56% de los participantes apoyan que William Rivera haya tomado la justicia en sus manos matando a dos personas; el 44% se opone.
- Cinco querellas contra el abogado asesinado permanecen sin prosperar ante el Tribunal Supremo, a pesar de alegar que defraudó a más de $500,000 a personas en varios municipios.
- La reforma judicial que propone Rivera Schatz solo cambia quién nombra a los jueces administradores de región: en vez de la jueza presidenta, lo haría un sistema que favorecería al PNP.
- Una exfiscal no renominada confirmó que los fiscales carecen de expertos contables forenses y otros recursos para investigar fraude, pero sí hay dinero para viajes y eventos de empleabilidad.
El héroe nacional que no debería existir
La reacción social fue tan clara como perturbadora. Un vigilante confesó, públicamente y sin ambigüedades, que había asesinado a dos personas. Su razón: los tribunales no le servían, lo cogieron de tonto, así que él se tomó la justicia en sus manos. Y la gente respondió: eres un héroe nacional.
Dos de esas personas eran Félix Plaud, un activista del Partido Nuevo Progresista cuya vida entera fue un performance de su lealtad a la estadidad, y un abogado con supuestos contactos con ese mismo partido. Lo que hace más absurdo el panorama es que contra ese abogado había cinco querellas ante el Tribunal Supremo. Ninguna prosperó. Algunas alegaban que lo había probado, lo había tumbado en más de $500,000 por unos supuestos negocios en Carolina, Ciales, Ponce, Peñuelas y Arroyo.
La reforma que ignora al país ardiendo
En el mismo momento en que un vigilante toma la justicia en sus manos, en el mismo momento en que el pueblo reconoce públicamente que el sistema de justicia es irrelevante, la clase política en el Capitolio está concentrada en una única pregunta: quién va a nombrar a los jueces.
El presidente del Senado, el presidente de la Cámara, los legisladores de tu distrito, los que tú elegiste: todos ellos están pensando en cómo evitar que gane el Partido Popular en cuatro años y devuelva el poder de nombramientos a la jueza presidenta. Es un juego de toma y daca. Ahora quieren que sea el PNP quien controle qué juez va a cada posición, quién es juez administrador de cada región, cuántos recursos se le da a cada sala.
Eso es politizar la rama judicial al máximo. La reforma no propone hacer los tribunales más eficientes ni más justos. Solo propone cambiar cuál partido controla la máquina de poder. Y eso, aunque algunos intenten negar que esa sea la intención, es exactamente la percepción que genera.
Cuando la encuesta cuenta la verdad
Se hizo una encuesta en el canal de YouTube. La pregunta fue sensible a propósito, porque no se quería parecer que estaba promoviendo la violencia. Pero la pregunta era directa: ¿apoyas lo que hizo William Rivera de tomar la justicia en sus manos?
El 56% respondió que sí. El 44% que no. Los comentarios en redes decían casi todos lo mismo: este hombre es un héroe. Es lo que dice la gente cuando confía cero en los tribunales. No es un problema de criminalidad. Es un problema de institución fallida.
El derecho, rehén del sentido común
Un amigo escribió un mensaje que decía: el derecho es rogado, no le toca al tribunal nada de lo que tú dices, está mal titulado el post. Para unir casos hay reglas, para resolver casos hay términos. Si no funcionan las leyes, el foro no es el poder judicial legislativo.
Suena a derecho de libro. Y tiene razón en lo técnico. Pero ahí está el problema: ¿para qué sirven las reglas si no es para la justicia? Yo conozco las reglas. Pasé la reválida igual que cualquiera. La pregunta es más elemental: ¿deben funcionar así las reglas?
Si el derecho no es una alternativa viable, solo queda la otra alternativa: el bichote del punto. En la calle nos matamos la raya. Eso es lo que hay. Y cuando los legisladores vienen a cambiar las reglas nuevamente para favorecer sus nombramientos, cuando los jueces actúan con selectividad según a quién se protege, cuando esa persona que es abogada usa la licencia para timar gente de $500,000, ese es el mensaje que manda la práctica.
La justicia de dos velocidades
Existe un patrón conocido en Puerto Rico. Cuando es la esposa de un juez, los jueces actúan. Cuando es el marido de un juez, también actúan. Pero cuando es el pueblo, dicen que no pueden tocarse porque no son su responsabilidad, porque están las reglas.
En el caso de Wanda Vázquez, un juez mandó a buscar un testigo para ayudar a su esposa. El Tribunal Supremo decidió nada. Le dieron una multa y punto. En el caso de la Masacre de Pájaros, un juez se convirtió en juez instructor. Ningún problema. Pero cuando es la gente, cuando es un vigilante que dice que no le quedan opciones, entonces sí aparecen las reglas como una pared infranqueable.
Eso es lo que hay. No es teoría. Es práctica. Y cualquier abogado que salga de la escuela de derecho sabe que la teoría en los libros no es lo que ocurre en los juzgados.
La guerra interna del Supremo
Mientras el país arde, mientras un vigilante acaba de confesar que mató a dos personas, mientras 99% de los comentarios en redes le llama héroe, el Tribunal Supremo de Puerto Rico está en guerra interna. El tema de la pelea: quién va a nombrar al juez administrador de la región de Caguas, quién va a nombrar al juez administrador de Arecibo, a qué pueblo van a asignar los jueces una vez confirmados.
Eso es todo. Eso es lo que está pasando en el momento histórico más crítico. La discusión en la legislatura es quién controla los nombramientos. La discusión en el Tribunal Supremo es quién administra el sistema. Nadie está hablando de cómo hacer que los tribunales funcionen, de cómo hacer que la gente confíe, de cómo evitar que la próxima muerte violenta sea el próximo doble homicidio cometido por alguien que perdió fe en el sistema.
El silencio de la jueza presidenta
Se solicitó una entrevista con la jueza presidenta del Tribunal Supremo. Su respuesta fue enviar declaraciones escritas. Eso fue todo. Ni una aparición pública, ni una conferencia de prensa, ni un intento de concienciar a la ciudadanía sobre lo que está ocurriendo, ni una llamada a los legisladores para que frenen la politización.
Ese silencio habla. Si ella realmente creyera que el tribunal es independiente, si realmente quisiera defender la institución, estaría en todas partes explicando qué está mal, pidiendo que se frene esa reforma, demostrando que la rama judicial no es un instrumento de poder. Pero no. Solo silencio. Y ese silencio sugiere exactamente lo que ella niega: que lo que le importa es quién tiene el poder de nombrar, no si el país confía en sus tribunales.
Las víctimas silenciosas del sistema: los fiscales
Hace poco, mientras caminaba cerca de Guaynabo, una exfiscal se detuvo y pidió que se transmitiera un mensaje. Había sido nombrada por el Partido Popular. No la renominaron. ¿La razón? El PNP no quiere populares en la fiscalía. Y eso está pasando sistemáticamente: casi no quedan fiscales ni jueces nombrados por gobiernos populares porque simplemente no los renominan.
Esa fiscal estuvo 40 minutos contando su historia. Había llegado a casos de delitos económicos, de fraude, de asuntos complejos. Pero no tenía un experto contable forense que le ayudara a leer las planillas. Estaba allí sola, con un montón de casos, sin herramientas. Y así recomendaba transacciones: si te robaron $50,000, transa por $5,000, porque no tenemos recursos.
Pero hay dinero para viajar a Nueva Orleans, hay dinero para ir a San Diego, hay dinero para ferias de empleabilidad, hay dinero para carpas y banners y photobooth para que la gente se grabe videos, hay dinero para orquestas. Hay dinero para todo eso. Lo que no hay es dinero para que un fiscal tenga un contador que lo ayude cuando alguien viene a robar o a estafar.
El dinero detrás de la pelea
La reforma judicial de Rivera Schatz, que el Senado aprobó y que ahora considera la gobernadora, no es sobre justicia. Es sobre contratos. Porque la jueza presidenta nombra al administrador de la rama, y el administrador de la rama es el que firma los contratos.
Es un asunto de control político también. Cuando tú decides quién es juez administrador de una región, tú controlas qué casos le tocan a quién, a qué juez flojo o a qué juez riguroso, cuántos recursos se le da a los asesores jurídicos que ayudan a los jueces a procesar documentos. Todas esas decisiones aparentemente técnicas tienen consecuencias reales en cómo se resuelven los casos.
Y nadie, nadie en esos restaurantes de la Avenida Roosevelt está haciendo esas llamadas para pedir favores. Eso nunca ocurre. Los jueces nunca reciben instrucciones de arriba sobre a quién favorecen. Eso es imaginación nuestra. Claro que pasó con Wanda Vázquez y su esposo, pero ese fue un caso aislado, excepcional, que el Tribunal Supremo resolvió dándole una multa de regalo. Eso sí fue el sistema funcionando.
La percepción vale más que la realidad
Hay un billete de $20 en la mano derecha y un pedazo de papel en la mano izquierda. ¿Cuál es la diferencia? Solo que el público piensa que el billete vale y el papel no. Son literalmente lo mismo. Sirven para lo mismo. Pero la noción, la impresión, la forma en que el pueblo ve una cosa es infinitamente más importante que la realidad técnica.
En cuestión de justicia, eso es aún más cierto. La percepción de que los tribunales son justos es más importante que si realmente lo son. Porque si la gente no cree que lo son, entonces no importa si técnicamente el sistema funciona conforme a las reglas. La gente no va a confiar. Y cuando no confía, toma la justicia en sus manos.
Ese es el mensaje que está mandando toda esta reforma, aunque no sea la intención. Que en vez de ser Popular quien controla, va a ser PNP. Y eso es politización. Eso es exactamente lo opuesto a lo que Puerto Rico necesita en este momento.
¿El sistema funcionó?
Algunos defensores del sistema dicen que el problema no son los tribunales. Que el problema es que William Rivera es un asesino. Que este caso apenas estaba empezando, que apenas era julio cuando fue presentado y ahora estamos en octubre.
Pero Rivera había hecho gestiones antes, en junio, y el año anterior había otra demanda también en junio. Había estado tratando de cobrar desde el 2021. Así que no fue un caso que acaba de empezar. Fue un caso que el sistema dejó languidecer, que se tranzó, que se manejó con la lentitud que caracteriza a la administración de justicia en Puerto Rico.
¿Y la respuesta de la clase política a todo esto? Que hay que mejorar quién nombra a los jueces. Que el problema es que hace falta que el PNP tenga el control en vez del Popular. Eso no es respuesta. Eso es politización aún más extrema. El sistema no funcionó. El sistema es el que llevó a que un vigilante confiese haber matado a dos personas y que el país le llame héroe.
Mira el video completo: https://www.youtube.com/watch?v=ioUqPRXvfsk
Fuentes
- Encuesta de YouTube sobre el caso de William Rivera (Canal de Jay Fonseca)


